
(Idea base para una conferencia pronunciada en México D.F.)
Muy a menudo se produce el fenómeno del artista sobrestimado. Dicha sobrestimación viene dada porque el propio artista ha hecho de su vida un trampantojo que oculta una falta absoluta de talento, aunque también es posible, pero poco probable, que todo su talento lo haya usado en promocionarse a sí mismo en vez de elaborar una obra consistente. En este caso, el artista actúa en connivencia con el galerista y los medios de comunicación, muy interesados en vender humo a precio de oro. Todos ganan. Hay otra variedad que no es insincera como la anterior, la del artista sobrevalorado por una vida más o menos dolorosa, más o menos trepidante. En ambos casos, el artista no es responsable de que su anécdota vital sea elevada a categoría artística. Los responsables son la publicidad interesada de los medios, los galeristas y un público muy dispuesto a confundir las churras con las merinas.
Muy a menudo se produce el fenómeno del artista sobrestimado. Dicha sobrestimación viene dada porque el propio artista ha hecho de su vida un trampantojo que oculta una falta absoluta de talento, aunque también es posible, pero poco probable, que todo su talento lo haya usado en promocionarse a sí mismo en vez de elaborar una obra consistente. En este caso, el artista actúa en connivencia con el galerista y los medios de comunicación, muy interesados en vender humo a precio de oro. Todos ganan. Hay otra variedad que no es insincera como la anterior, la del artista sobrevalorado por una vida más o menos dolorosa, más o menos trepidante. En ambos casos, el artista no es responsable de que su anécdota vital sea elevada a categoría artística. Los responsables son la publicidad interesada de los medios, los galeristas y un público muy dispuesto a confundir las churras con las merinas.