viernes, 26 de octubre de 2012

ESTOCOLMO, EL SÍNDROME.


Estocolmo es la capital y la ciudad más grande de Suecia. Con una población cercana a los dos millones, si se incluye el área metropolitana, es muy conocida por la belleza de sus edificios y por sus numerosos parques, jardines y canales que hacen que sea llamada la Venecia del Norte.

Estocolmo dio también nombre a un síndrome mediante el cual la víctima de un secuestro, por ejemplo, retenida en contra de su voluntad, acaba desarrollando una complicidad con sus captores, que es lo que le ocurrió a una mujer secuestrada junto a otros rehenes en un banco sueco de la capital en 1973, quien se resistió a ser rescatada y a testificar en contra de sus secuestradores. Parece que en su momento circuló una fotografía donde aparece la mujer secuestrada besándose con un secuestrador.

Ni que decir tiene que el síndrome de Estocolmo es una enfermedad extendida por todas partes. Por ejemplo a España llegó durante la guerra civil. Casi todo el mundo, menos los de siempre por supuesto, lo pasó muy mal. Los niños, por ejemplo, no pudieron ser jamás niños. Muchos de ellos, durante la posguerra, sufrieron desahucios y miseria. Cuando se hicieron un poco mayores pasaron mucha vergüenza teniendo que acudir a comedores de caridad. Hoy están jubilados y muchos de ellos votan a quienes promueven una política económica que vuelve a llevar a tanta gente a comedores de caridad y a echarlos de sus humildes casas.

De Suecia nos viene también un refrán, “Hacerse el sueco”, que significa no querer enterarse de nada, especialmente de aquello que resulta doloroso o inquietante. Que los ricos voten a la derecha entra dentro de la lógica perversa de quien beneficia a unos pocos en contra de muchos. Que gente normal, con sus oficios y sus pequeños beneficios, voten en contra de sí mismos, sólo puede entenderse viajando a Suecia. Allí está la explicación. 

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