viernes, 27 de diciembre de 2013

EL SEÑOR ALMODÓVAR Y LA MARCA ESPAÑA.




Hace un tiempo, paseando por París, pude comprobar que había cuatro céntricos cines que tenían en cartelera películas del señor Almodóvar.
Año más tarde, dicho señor consiguió un óscar, además de situar a varios actores españoles en el estrellato americano.
Hay empresas especializadas en medir el impacto mediático de semejantes espectáculos mundiales. Sin embargo, no hace falta ser un experto para deducir que el óscar del señor Almodóvar perfectamente podría equivaler a miles de visitas del presidente español a Washington, cuya presencia apenas sería cubierta por un pequeño recuadro en las páginas interiores del New York Times.

Por no hablar de las visitas de los caciques de los reinos de taifas españoles que, para celebrar el día de su comunidad y estrechar lazos de amistad con el amigo americano, alquilan algún espacio cultural neoyorquino al que tan sólo acude una numerosa cohorte de paniaguados con sus esposas, periodistas españoles pagados y algún que otro medio local.

Uno de esos politicastros, que se llenan la boca con la palabra España, se ha atrevido a insultar públicamente al señor Almodóvar, tildándolo de pederasta.

No soy patriota. Personalmente el cine del señor Almodóvar no me interesa lo más mínimo, pero sé que pertenece por derecho propio a la marca de una España en la que me incluyo y, por lo tanto, yo también me siento insultado.

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