Autodefinición Informal. Con todo mi respeto, soy apolíticamente incorrecto. Mientras más viejo, más tierno me vuelvo y también más radical.
lunes, 18 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
ACONDICIONANDO LA VIDA

Ya está de nuevo el verano dispuesto a hacerme sufrir como de costumbre. Este año dicen que viene más caluroso. Me da lo mismo. Por mucha libertad que tenga de elegir el lugar más fresco, el infierno es el infierno.
Lo mío con el verano debe ser fruto de algún trauma sicológico originado quizás en algún verano de mi lejana infancia porque desde un punto de vista objetivo sé que en la actualidad vivo en el mejor de los mundos refrigerados. Uno puede desplazarse en verano a cualquier sitio cerrado en la seguridad plena de ser placentariamente protegido por un omnipotente aire acondicionado.
Incluso cuando decido ir al supermercado de arriba, debo coger una cazadora ligera para protegerme del frio intenso que despiden las estanterías de los congelados, las carnes, las frutas y verduras y los embutidos.
Incluso cuando decido ir al supermercado de arriba, debo coger una cazadora ligera para protegerme del frio intenso que despiden las estanterías de los congelados, las carnes, las frutas y verduras y los embutidos.
Siento un placer muy intenso entrar en el supermercado y ponerme inmediatamente la cazadora que me eximirá de un resfriado avant la page o de una gripe a contratiempo. Menos mal que desde hace un par de años he ingresado en el benemérito grupo de riesgo que me permite vacunarme a principios de otoño con total impunidad. Ni que decir tiene que con la cazadora ligera voy lo suficientemente protegido por arriba ya que por bajo sigo llevando mis clásicos pantalones largos.
El otro día en un supermercado muy grande que contenía una sección de televisores de última generación era el único vestido por abajo como antiguamente se vestían los hombres. Viejos de edad indefinible, jóvenes definitivos, cuarentones barrigudos con camiseta de tirantas, cincuentones esmirriados con cadenones al pecho, todos vestían el inefable pantalón corto hasta la rodilla o bien el llamado pantalón de pescador con unas cintas colgantes.
En la época en la que no había aire acondicionado, la gente vestía tan uniforme como ahora pero era bastante menos hortera. En aquella época el aire acondicionado era cosa de ricos, como el güisqui y los cigarrillos rubios americanos. Combatíamos el calor con un poco de sentido común, los pantalones de mil rayas y un ventilador de una sola velocidad…
En la época en la que no había aire acondicionado, la gente vestía tan uniforme como ahora pero era bastante menos hortera. En aquella época el aire acondicionado era cosa de ricos, como el güisqui y los cigarrillos rubios americanos. Combatíamos el calor con un poco de sentido común, los pantalones de mil rayas y un ventilador de una sola velocidad…
lunes, 11 de julio de 2011
LA LLAVE.

Demasiadas veces vivió la dependencia de los demás como una tortura. Fue entonces cuando rompió todas sus inseguridades y se puso a escribir. Se convirtió en dios. A veces el dios desciende a tierra, deja de escribir y se somete al dictado de los demás. Es un dios irónico. Mientras realiza un trabajo casi siempre anodino, mete la mano en el bolsillo y toca la llave que le abrirá de nuevo las puertas del paraíso.
viernes, 8 de julio de 2011
SI YO FUERA RICO. DIGRESIÓN.

Es increíble la cantidad de inconveniencias que un individuo normal como yo puede decir ante un rico si no toma las debidas precauciones y, aún así, la falta de práctica en el contacto con la riqueza extrema siempre deparará algún que otro percance epistemológico. Por muy abierta y polivalente que sea una mente, su concepto del mundo está estrechamente ligado al estado socioeconómico en que se halla, sobre todo en lo que respecta al pensamiento concreto de las cosas cotidianas. (El pensamiento abstracto, al no depender de las menudencias materiales, es otra cosa y ahí existe prácticamente un riesgo cero en meter la pata). Lo único que distingue a un ser inteligente de un patán es la rapidísima capacidad para aprender. Nunca como hasta ahora estaba yo tan dispuesto a recibir un curso intensivo de indiferencia y soberbia, cualidades que, sutilmente dosificadas, distinguen a un rico del resto de la humanidad y del nuevo rico también.
El nuevo rico es un ser ostentoso y patatero, un hortera con pretensiones que deberá dejar pasar cien años como mínimo para que sus descendientes adquieran la fina pátina del rico de verdad. Al nuevo rico le puede el ansia de mostrar su riqueza y de entrar en la jet set que lo tratará a patadas durante un par de generaciones.
Basta observar a cualquier estrella del fútbol para darse uno cuenta de la cruel e insalvable distancia que media entre la riqueza gran reserva y la oreja del multimillonario deportista adornada con pendiente de oro y diamantes y móvil de ultimísima generación. Con esto quiero decir que es el tiempo el milagroso conversor de dinero en prestigio. No hay familia de rancio abolengo que no haya sido fundada por un canalla. Dinero y ringorrango van estrechamente unidos como lo demuestra el contubernio feliz entre el empresario que ha hecho su fortuna de la noche a la mañana y la aristócrata añeja cuya familia no tiene donde caerse muerta.
“Yo te doy mi dinero y a cambio tú me das tu fina pátina” debería ser la enseña que orlara muchos escudos y coronas. La única variante excelsa que conozco, y que me concierne directamente, sería la unión imperecedera de intelectual con hija única de multimillonario, que aburrida íntimamente del pijerio de su clase, decidiera ser fecundada por una mente privilegiada y extraordinariamente divertida como la mía.
“Yo te doy mi dinero y a cambio tú me das tu fina pátina” debería ser la enseña que orlara muchos escudos y coronas. La única variante excelsa que conozco, y que me concierne directamente, sería la unión imperecedera de intelectual con hija única de multimillonario, que aburrida íntimamente del pijerio de su clase, decidiera ser fecundada por una mente privilegiada y extraordinariamente divertida como la mía.
Etiquetas:
El oficio de escribir.
lunes, 4 de julio de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
COCODRILOS.

Muchas aguas había navegado el viejo cocodrilo desde que se sumergió por primera vez en el sagrado Nilo, muchas piezas había cobrado en ríos, mares y océanos. Su piel se había endurecido y su dentadura había sufrido cierto menoscabo. Ya no podía deslizarse a la antigua velocidad pues su enorme cola debía mover un cuerpo mucho más pesado. No obstante, la mengua natural de sus fuerzas se compensaba con la sabiduría del ahorro y del ritmo.
Fue por aquella época, recién iniciado el verano, cuando instó por enésima vez al cocodrilo joven a que lo acompañara a las aguas estancas e higiénicas de una piscina cubierta. Esta vez obtuvo una respuesta positiva. Deseaba el cocodrilo viejo adiestrar al cocodrilo nuevo en el arte sutil de la administración del esfuerzo con vistas al segundo anterior a la dentellada precisa que sumergiría a la presa en el abismo.
El cocodrilo viejo hizo al nuevo una proposición simple, “Sígueme a media cola y acompasa tu respiración al nado”. Así fue hecho durante una porción muy pequeña de la travesía pues el cocodrilo joven, al quinto largo, se quedó por un momento parado en el dique de salida como si todavía no hubiera aquilatado la relación de movimiento y fuerza y necesitara descansar.
El viejo cocodrilo volvió hacia atrás su enorme cabeza para ver cómo una gran cantidad de agua lo separaba del retoño quien ya había iniciado la nadadura. “No mide bien, ya se acostumbrará” pensó el gran cocodrilo al tiempo que comprobaba en el segundo viraje hacia atrás cómo el cocodrilo joven se le iba acercando a gran velocidad hasta tocar su cola con el prolongado hocico justo antes de llegar al dique de llegada.
El viejo cocodrilo volvió hacia atrás su enorme cabeza para ver cómo una gran cantidad de agua lo separaba del retoño quien ya había iniciado la nadadura. “No mide bien, ya se acostumbrará” pensó el gran cocodrilo al tiempo que comprobaba en el segundo viraje hacia atrás cómo el cocodrilo joven se le iba acercando a gran velocidad hasta tocar su cola con el prolongado hocico justo antes de llegar al dique de llegada.
Así sucedió un largo tras otro en que el brío del joven cocodrilo le procuró el suficiente desparpajo para dejar cada vez más distancia hasta tocar no sólo la cola del gran cocodrilo sino rebasarlo en el último segundo en medio de un amasijo enorme de agua removida.
“Está jugando conmigo y en vez de medirse, me prueba y se prueba. No me parece mal. Así tiene que ser”. Se dijo íntimamente orgulloso el cocodrilo viejo mientras mantenía el ritmo exacto e igual desde el inicio de la travesía.
“Sin embargo, debe aprender una lección”, concluyó. Justo antes del último largo, rebasado una vez más en los metros finales, le dijo con voz a clara al cocodrilo joven “A toda marcha. Sígueme si puedes”. Fue entonces cuando, apretando los dientes, la enorme cola empezó a batir con la máxima potencia originando un frenesí en las aguas espumantes que se abrían sumisas y dóciles.
“Está jugando conmigo y en vez de medirse, me prueba y se prueba. No me parece mal. Así tiene que ser”. Se dijo íntimamente orgulloso el cocodrilo viejo mientras mantenía el ritmo exacto e igual desde el inicio de la travesía.
“Sin embargo, debe aprender una lección”, concluyó. Justo antes del último largo, rebasado una vez más en los metros finales, le dijo con voz a clara al cocodrilo joven “A toda marcha. Sígueme si puedes”. Fue entonces cuando, apretando los dientes, la enorme cola empezó a batir con la máxima potencia originando un frenesí en las aguas espumantes que se abrían sumisas y dóciles.
El joven cocodrilo pudo afrontar el reto al principio cuando hizo acopio del resto de sus ya escasas fuerzas para irse retrasando en la medianía y llegar bastante rezagado al dique donde lo esperaba el viejo cocodrilo que no dejó traslucir la más mínima emoción. Sin embargo, una sonrisa interior lo atravesaba entero desde la punta de la cola hasta su enorme boca donde comprobó sin sorpresa que había perdido unos cuantos dientes.
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